Un pocu d’Hestoria

El antecedente más inmediato del hecho que conmemoramos se encuentra en el Derecho de Behetría -régimen de libertades basado en la costumbre, sin parangón en la Península Ibérica-, que tiene su génesis en el pacto de benefactoría por el cual los pequeños propietarios libres que necesitaban protección se encomendaban a un señor a cambio de un canon.

 

La Behetría podía ser individual, como se ha indicado, o colectiva, que parecida a la anterior, permitía a los pueblos libres propietarios de su tierra elegir a un señor y cambiarle según su conveniencia. A diferencia de las encomiendas, donde la opinión del encomendado era insignificante, la Behetría partía de la libertad del individuo o colectividad.

 

Las Behetrías podían ser de “mar a mar” -se podía elegir por señor a quien se quisiera- o “de linaje” -en la que sólo se podía elegir de entre los pertenecientes a aquel linaje- y coexistieron con tres tipos de siervos medievales: los realengos o del rey, los abadengos o de los abades y los solariegas o de los señores.

 

Durante el siglo XV, los dominios señoriales se extienden por territorios de realengo, suelos que eran mayoría en la Cantabria de la época. Surge entonces la reivindicación del estatus de los valles por la vía jurídica. Así, en 1495 el valle de Carriedo denuncia los abusos del Marqués de Santillana y obtiene sentencia favorable, tras recursos, en 1546.

También se entabló en 1544 el “Pleito de los Valles” surgido primeramente del enfrentamiento familiar entre las casas de Castañeda y la de la Vega, disputa a la que se unieron posteriormente los nueve valles de las Asturias de Santillana: Alfoz de Lloredo, Cabuérniga, Cabezón, Piélagos, Reocín, Villaescusa, Camargo, Penagos y Cayón, pues el Marqués de Santillana pretendía convertir estos valles en solariegas cuando eran libres y de realengo. La sentencia se produjo favorable a los valles en 1581.Y los valles, al ver que unidos se defendían mucho mejor, acordaron constituirse en “provincia” -primer antecedente como tal en la Península- bajo el nombre de Provincia de Nueve Valles, reuniéndose en Bárcena de la Puente –hoy Puente Samiguel– donde levantaron una Casa de Juntas. Durante dos siglos esta institución mantuvo su unión y convocó a otras jurisdicciones cántabras, para hacer frente común a los desmanes de los señores. Y ya en 1727 decidieron agrupar todas aquellas jurisdicciones en una sola provincia, pero la Corona abortó su decisión. No obstante, la insistencia por constituirse en provincia autónoma desembocó en el histórico 28 de julio de 1778, redactando las “Ordenanzas de Cantabria” y constituyendo la “Provincia de Cantabria“.

Esta Provincia la formaron las 27 jurisdicciones de las Asturias de Santillana, la provincia de Liébana y se invitó al resto de jurisdicciones del Bastón de las Cuatro Villas. Además de la mayoría de las comarcas de la actual Comunidad Autónoma de Cantabria, participaron en el proyecto los hoy municipios asturianos de Peñamellera y Ribadedeva y los territorios hoy burgaleses de Mena y Tudela.     
Casa de Juntas nel autual Aytu. de Regoc�n

 

A diferencia de otras instituciones de esta época, la nueva Cantabria se crea de abajo a arriba y no a la inversa: a iniciativa de los valles y villas, para conservar sus instituciones tradicionales de autogobierno.

Hay que tener en cuenta el contexto histórico en el cual se llevó a cabo este proceso: se estaba construyendo el estado borbónico-centralista de Carlos III, y estas Ordenanzas de Cantabria planteaban elegir soberanamente sus regidores, en lugar de que éstos fueran nombrados por el Rey como se hacía en las provincias contiguas de Vizcaya o Asturias. Por eso, el rey español nunca firmó esas ordenanzas, e impulsó con la burguesía mercantil santanderina la “Provincia Marítima de Santander” como contrapeso. Pese a ello, los representantes de los concejos cántabros siguieron reuniéndose en nombre de la Provincia de Cantabria durante más de medio siglo.

Esto no es más que una manifestación del dinamismo en la voluntad autónoma que ha tenido el pueblo cántabro a lo largo de su historia, por la pervivencia de un sentimiento colectivo de pueblo enormemente arraigado y que no pudo ser borrado por los acontecimientos históricos precedentes impuestos exógenamente y por la existencia de un pueblo que, independientemente de su denominación y pertenencia administrativa, siempre mostró su deseo de constituirse en una realidad autogobernada.

 

labaru

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